26 dic. 2014

Mirad que os nace un cordero




Con la celebración de vísperas de Navidad, en la tarde del 24 de diciembre, se inicia un nuevo tiempo que se alargará hasta el 11 de enero, fiesta del bautismo del Señor en el Jordán. Es un tiempo de alegría, de celebrar que el Verbo de Dios se ha encarnado y habita entre nosotros. Durante estos días, la liturgia va a centrarse en la infancia del Señor, su nacimiento, su circuncisión (tal y como establecía la ley mosaica), la huida a Egipto y la muerte de los inocentes, y finalmente, el bautismo del Señor, ya en su vida adulta, para inaugurar el tiempo ordinario.




Santa Teresa de Jesús era especialmente devota del misterio del nacimiento del Señor. Escribió diversos poemas donde ensalza la pobreza del Señor, la ingenuidad de los pastores, la adoración del pueblo por el Niño recién nacido, y sobre todo ello, la humanidad de un Dios que se ha encarnado, y que anuncia la futura redención del género humano por su pasión y muerte:


¡Ah, pastores que veláis,
por guardar vuestro rebaño,
mirad que os nace un Cordero,
Hijo de Dios Soberano!

Viene pobre y despreciado,
comenzadle ya a guardar,
que el lobo os le ha de llevar,
sin que le hayamos gozado.
 Gil, dame acá aquel cayado
que no me saldrá de mano,
no nos lleven al Cordero:
¿no ves que es Dios Soberano?

 ¡Sonzas!, que estoy aturdido
de gozo y de penas junto.
 ¿Si es Dios el que hoy ha nacido,
cómo puede ser difunto?
 ¡Oh, que es hombre también junto!
La vida estará en su mano;
mirad, que es este el Cordero,
Hijo de Dios Soberano.

 No sé para qué le piden,
pues le dan después tal guerra.
 Mía fe, Gil, mejor será
que se nos torne a su tierra.
 Si el pecado nos destierra,
y está el bien todo en su mano,
ya que ha venido, padezca
este Dios tan Soberano.

 Poco te duele su pena;
¡oh, cómo es cierto del hombre,
cuando nos viene provecho,
el mal ajeno se esconde!
 ¿No ves que gana renombre
de pastor de gran rebaño?
 Con todo, es cosa muy fuerte
que muera Dios Soberano.





Nuestra cofradía, en este tiempo de Navidad, conmemora el dogma de la maternidad divina de la santísima Virgen, establecido en Éfeso en el año 431, y en el cual se proclama que María, siendo madre de Jesús, es madre no solo de su humanidad sino también de su divinidad, las dos naturalezas que en Jesucristo se dan de forma conjunta. Esta celebración tiene lugar en la octava de Navidad, el 1 de enero:


Santa Misa en la solemnidad de la Madre de Dios
Jueves 1 de enero, 19.30, parroquia de San Vicente.
Rosario y santa Misa.



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