1 dic. 2013

El Adviento: salir al encuentro del Señor




Iniciamos un nuevo año litúrgico celebrando el primer domingo de Adviento. Para ello, la camarera y sus ayudantes, han vestido a la Virgen con el terno morado. Durante este ciclo, ahondaremos en la Liturgia siguiendo el magisterio del beato papa Juan Pablo II, que será canonizado el próximo 27 de abril. En 1992 decía lo siguiente sobre el tiempo que hoy inauguramos:

En un momento preciso, por obra del Espíritu Santo, el Verbo “se hizo carne” en el seno virginal de María y “puso su morada entre nosotros” (Jn 1, 14), mostrando al género humano la benignidad y la humanidad de Dios. En efecto, el Señor no solo ha creado al hombre, sino que lo ama tan intensamente que lo acoge dentro de su misma familia, destinándolo a una gloria sin fin. 




Sostenidos por esa certeza tan consoladora, salgamos con gozo al encuentro del Señor, como nos invita a hacer el salmo responsorial. Salgamos al encuentro del Señor en el misterio de su Navidad. Este es el primer sentido del Adviento. Nos conmovemos al recordar a María y a José, que suben de Nazaret de Galilea a Belén de Judea para el censo, y se ven obligados a refugiarse en un lugar destinado a animales, “porque no tenían sitio en el alojamiento” (Lc 2, 7). El Hijo de Dios viene a la luz en la pobreza total: verdadero Dios salvador, anunciado por los ángeles a los pastores, y verdadero hombre, envuelto en pañales y acostado en un pesebre. ¡Qué sentimientos de ternura, amor y gratitud suscita este acontecimiento tan extraordinario! Pero también tiene la fuerza de sacudir nuestras conciencias, invitándonos a despertar del sueño de la indiferencia y la rutina.

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